Fundación del primer cuerpo de Bomberos de Santiago: El origen de una vocación colectiva

Fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago
Tan solo doce días después del terrible incendio de la Iglesia de la Compañía, ocurrido el 8 de diciembre de 1863, en el que murieron aproximadamente dos mil almas de Santiago, se fundó por fin en la capital un Cuerpo de Bomberos voluntarios que fuera capaz de responder a las emergencias de incendio y catástrofe que pudieran asolar a la ciudad. Aquel día, José Luis Claro fue uno de los cientos de habitantes que observaron, impotentes, el horroroso siniestro que marcó para siempre la historia urbana de Santiago.
Apenas unos días después, mientras la ciudad aún se encontraba sumida en el duelo y se realizaban las misas fúnebres por las más de dos mil víctimas, un pequeño aviso publicado en los diarios El Ferrocarril y La Voz de Chile llamó la atención en medio de la desolación. En él, el ciudadano José Luis Claro Cruz convocaba a los jóvenes de la capital a reunirse el lunes 14 de diciembre de 1863, con el propósito de formar una compañía de bomberos voluntarios que pudiera enfrentar futuras emergencias con organización y preparación.
Hoy 20 de diciembre se cumplen 162 años de la fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago, en 1863, una institución noble, voluntaria y valerosa que nació “de una lágrima de la Virgen”, como dijo alguna vez el senador y bombero Héctor Arancibia Laso, en alusión a que la tragedia que urgió e inspiró su fundación ocurrió en el marco de la culminación del Mes de María, en la fiesta de la Inmaculada Concepción.
Ya existían entonces cuerpos de bomberos en Valparaíso (1851), Valdivia (1853) y Ancud (1856). La razón de que el más antiguo fuera el del puerto principal está más o menos a la vista: como lugar de entrada, recibió antes que otras ciudades el influjo extranjero que trajo consigo la formación de compañías bomberiles como un espacio de asociatividad de nacionales y extranjeros. Pero la razón de que no existiera aún uno en Santiago para la época en que se produjo la tragedia no se explica porque ese influjo importado se haya demorado en llegar, sino porque, según se cree, mientras gobernó don Manuel Montt (1851–1861), este fue reacio a que se formaran estas instituciones, que ya habían demostrado ser en Valparaíso focos de oposición a su gobierno, y no las quería en la capital misma.
El cambio de clima dado por el nuevo gobierno de José Joaquín Pérez (1861–1866), favorable a la conformación de agrupaciones de la sociedad civil, sumado a la conmoción del incendio, propició la creación del órgano bomberil santiaguino en un plazo meteórico.
En un principio la convocatoria fue pensada para crear una sola compañía, pero los entusiastas jóvenes acudieron en tal número que se hizo necesario crear cuatro compañías en diciembre, tres “de bombas” o “de agua” y una “de salvadores de la propiedad”, y para enero de 1864 se formaron otras tres más, siendo siete las compañías fundadoras, sumando en total a más de quinientos voluntarios y más de trescientos auxiliares en sus filas. El Directorio inicial estuvo conformado por José Tomás de Urmeneta como Superintendente; José Besa como Vice-Superintendente; Ángel Custodio Gallo como Comandante; Agustín Prieto como Vice-Comandante; Juan Tomás Smith como Tesorero General; y Máximo Argüelles como Secretario General.
Junto a estos nombres, la lista de hombres insignes que participaron en la fundación —políticos, empresarios y profesionales, nacionales y extranjeros— da muestra del entusiasmo inicial con que se inició esta obra, pero latente está también el dolor y el luto con que se fundó este cuerpo, pues muchos voluntarios tuvieron en su familia cercana a víctimas del incendio.
Desde entonces, el Cuerpo de Bomberos de Santiago ha tenido una existencia ininterrumpida, estableciéndose un total de 22 compañías que sirven hoy en las comunas de Santiago, Providencia, Estación Central, Renca, Recoleta, Independencia, Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea.
Precisos siete años después de la tragedia de la Iglesia de la Compañía, otra tragedia cobró al primer mártir del Cuerpo, el conde Germán Tenderini, quien sucumbió en el incendio del Teatro Municipal el 8 de diciembre de 1870, iniciando una lista de 49 mártires que han entregado sus vidas en el servicio desinteresado al prójimo.
Ese legado de sacrificio y vocación sigue vigente hasta hoy. El 18 de diciembre del presente año, el voluntario Paul Cristoffer Valenzuela Muñoz, ayudante primero de la Sexta Compañía “Salvadores y Guardia de Propiedad”, perdió la vida producto de un derrumbe mientras atendía una emergencia de incendio en la intersección de Avenida España con Domeyko, dando testimonio, una vez más, de la entrega, el compromiso y el profundo sentido de servicio que caracterizan a la institución.
Al cumplirse los 50 años de la fundación del Cuerpo, la Municipalidad erigió un monumento en el Parque Forestal, diseñado por Coll y Pí. Varias calles del casco histórico llevan el nombre de mártires bomberiles, como Tenderini, Bombero Ossa o Bombero Salas, inscribiendo su memoria en el espacio urbano.
Cada 20 de diciembre, en el Teatro Municipal, el Alcalde de Santiago ofrece un discurso conmemorativo y entrega condecoraciones a quienes cumplen antigüedades en la institución, medallas que portan el escudo de armas conferido por el Emperador Carlos V a la ciudad, muestra elocuente del vínculo histórico y actual entre la Municipalidad y el Cuerpo de Bomberos de Santiago.

Primer Directorio del Cuerpo de Bomberos de Santiago, hacia 1870, Colección Museo Histórico Nacional.

Calle Blanco y cuartel general de bomberos, hacia 1890, Colección fotográfica, Sala Medina, Biblioteca Nacional.

Cuerpo de bomberos en Valparaíso, hacia 1860, Colección fotográfica, Biblioteca Nacional.

Escuadrón de bomberos en medio de un paisaje descampado. Colección fotográfica patrimonial, Museo Histórico Nacional.
