Día del roto chileno: Valentía popular, identidad chilena

Ser “roto” en Chile como forma de expresión de orgullo nacional y patriotismo
Suele usarse como una ofensa, una forma despectiva de referirse a quien actúa de manera poco decorosa. Pero, ¿no es acaso un sentir popular, un cierto modo de la cultura nacional, una forma de expresión y un conjunto de valores lo que está detrás del concepto del “roto chileno”?
La respuesta es sí, y se reconoce cada 20 de enero al recordar la Batalla de Yungay (1839), ocurrida durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, donde el trabajador pobre, urbano o rural, hombre humilde, resiliente y esforzado, jugó un rol clave en la defensa nacional. Es más, durante aquella batalla, el ejército chileno estaba compuesto en gran parte por hombres de sectores populares, quienes consiguieron una victoria decisiva para el país.
Es en este contexto que la figura del “roto chileno” se convirtió en símbolo de valentía, sacrificio y patriotismo, y la tradición -pese al clasismo que persiste hasta hoy en nuestro país- ha mantenido a lo largo de varias décadas un espacio de homenaje y resignificación de esta figura.
Así, sin contar con un día consagrado por ley, la figura del “Roto chileno” es homenajeada cada año desde fines del siglo XIX. De hecho, fue el 20 de enero de 1888 cuando se inauguró el Monumento al Roto Chileno -del escultor Virginio Arias- en la Plaza Yungay, en Santiago, con el fin de reconocer el aporte histórico y social de las clases populares tanto en la épica militar como en la construcción de la identidad nacional a partir de lo popular.
Barrio histórico
Y si hablamos de historia e identidad, qué mejor ejemplo que el Barrio Yungay y su icónica plaza. Es uno de los sectores más antiguos de Santiago, de trazado clásico, con senderos que convergen hacia su centro, rodeada de árboles añosos y de edificaciones del siglo XIX y comienzos del XX, muchas de ellas de valor patrimonial. Al centro de la plaza, desde 1888 se alza la escultura de bronce realizada por Virginio Arias, que representa a un hombre del pueblo, al roto chileno. Sostiene un fusil en la mano derecha y apoya la izquierda sobre la cadera. En su base puede leerse la inscripción “Chile agradecido de sus hijos por sus virtudes cívicas i guerreras”. La figura, de actitud firme y sobria, aparece sin la vestimenta propia de un soldado profesional, pero con la postura y la gallardía de quien está dispuesto a luchar por su país.
Es, de esta forma, el roto chileno el centro de un barrio que nació formalmente el 5 de abril de 1839, con la firma de un decreto por parte del presidente José Joaquín Prieto. Bajo la lógica de la necesaria expansión urbana de la ciudad, el gobierno de Prieto decidió urbanizar los terrenos ubicados al poniente del casco histórico de Santiago, que hasta entonces habían sido chacras y quintas.
Tomando su nombre de la épica batalla, el Barrio Yungay se caracterizó por su mezcla social, albergando a artesanos y trabajadores, pero también a comerciantes, empleados públicos, intelectuales y políticos.
Desde el punto de vista de su patrimonio arquitectónico, además de la construcción de casas patronales, cités y conventillos, el Barrio Yungay muestra un diseño portaliano, es decir, con plazas, calles ordenadas y espacios públicos pensados no solo para la élite, sino también para sectores medios y populares -a diferencia de los barrios aristocráticos del centro-.
Es este el escenario donde autoridades, organizaciones civiles y los propios vecinos se reúnen cada 20 de enero para dar vida a esta tradicional fiesta. Porque ser “roto” no es un problema o un defecto; para el barrio Yungay, ser roto es motivo de orgullo, es representar la esencia de la identidad nacional, es dar muestra de coraje, esfuerzo, valentía y entrega por la Patria.